jueves, 25 de abril de 2013

Sintiendo la kresala en las atalayas de Urdaibai (Vizcaya)


Acantilado en Ogoño (Vizcaya) © Domènec Ribes i Mateu

Kresala esaten deutsagu Bizkaian ur gaziari. Badakit obeto legokela Gezala esatea, 
baña parkatuko al deustie euskerazale jakintsuak arrantzalien aotik artu dodan 
lez ipinten badot izen ori liburutxu onen buruaurrean.

[En Vizcaya llamamos kresala al agua salada. Sé que es mejor decir gezala, pero ya me perdonaréis
los vascos ilustrados porque he tomado esta palabra de los pescadores, 
y si pongo este título es por este motivo.]

Kresala, Domingo Agirre


Kresala es una palabra intraducible del euskera. Literalmente significa 'salitre', pero para un vasco, y sobre todo para un vizcaíno, esta palabra tiene unas connotaciones que vinculan al hombre y el mar. Sería el flujo de ida y vuelta que se establece entre el mar y la tierra: todo va a la mar y todo vuelve constantemente en forma de sosiego y serenidad.

Esta misma serenidad, esta kresala, se puede percibir en todas partes. Incluso si nos alejamos un poco de la primera línea de la costa, hacia los múltiples valles recónditos del interior, podremos sentir esta presencia marina.

A pesar de ser la provincia más industrializada y más densamente poblada, Vizcaya esconde tesoros paisajísticos de gran valor estético y cultural. Lejos del gran corredor interior repleto de vías de comunicación y grandes polígonos industriales, se encuentra la pequeña comarca de Busturialdea, con Gernika como núcleo más importante.

Esta pequeña región incluye Urdaibai, una zona declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1984. Se trata de un gran estuario natural formado en la desembocadura del río Oka.

Lo que hace especial a esta comarca es la simbiosis que se crea entre el mar y la montaña, entre el azul intenso del Cantábrico y el verde oscuro de los encinares. Acantilados cerca de la costa y pequeños cerros boscosos conviven con la influencia de un mar que ha traído la vida y la muerte a generaciones de vascos. Aquí la kresala es omnipresente.

Si os gusta la montaña, las buenas vistas y, además, queréis captar ese sentimiento tan arraigado entre los vizcaínos, proponemos aquí un recorrido por algunas de las atalayas que vigilan siempre el mar Cantábrico desde Urdaibai. Podríamos trazar una línea imaginaria que recorrería la ribera derecha de Urdaibai a través de sus elevaciones más conocidas: Atxurkulu, Atxarre, Marua, Burretxagana, Itzagorta, Ereñozar, Bustarrigane...

Este es el viaje fotográfico que haremos por cuatro atalayas de esta fantástica tierra: de los acantilados al borde del abismo del cabo Ogoño al puesto de mando del general Franco en Bizkaigane durante la Batalla de Bilbao, pasando por el discreto Atxarre y el telúrico y misterioso Ereñozar.

Cabo Ogoño y Atxurkulu: el recuerdo de los viejos balleneros vascos

Ogoño es una de las atalayas más conocidas de la costa vizcaína y antiguamente era utilizada por los vecinos de la comarca para avistar ballenas. La excepcional altura de este promontorio, que cae a plomo sobre el mar Cantábrico, era un mirador excelente desde el que se podían divisar los cetáceos que frecuentaban estas frías aguas. Se llega desde Elantxobe y pasando por la cima de Atxurkulu, para luego continuar hasta el extremo del cabo Ogoño. Hay que seguir las señales del PR BI-65 que nos llevan hasta el caserío Olaeta Barrenengoa.

Ir al cabo Ogoño también nos adentra en el encinar cantábrico, protegido por la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Tanto desde Atxurkulu como desde el extremo de Ogoño las vistas son espectaculares: la playa de Laga, la isla de Izaro, la ría de Mundaka, las cumbres de Sollube, Oiz, Anboto, etc. A nuestros pies queda el pueblo de Elantxobe, que se formó en el siglo XVI por pescadores de Ibarrangelu. Su época dorada fue en el siglo XIX, cuando hubo hasta siete fábricas de escabeche y una de conservas.

Ruta: de Elantxobe al cabo de Ogoño y Atxurkulu

Almiar frente del Cantábrico (Olaeta, Elantxobe) © DRM

Ya no se divisan ballenas desde Ogoño, pero la vista es espectacular © DRM

Atxurkulu (Urdaibai): la montaña partida por medio © DRM

Atxarre: excepcional encinar cantábrico y atalaya de Urdaibai

Atxarre o San Pedro es una modesta cima de 312 m. Forma parte del macizo de Burretxagane y domina todo el estuario donde desemboca el río Oka (en esta parte conocido como "ría de Mundaka" o "ría de Gernika"). En la cima encontramos una pequeña ermita del siglo XV dedicada a San Pedro.

Lo más interesante de esta zona es contemplar el entorno natural formado por un frondoso y extenso encinar cantábrico. Su singularidad reside en el hecho de que quedan muy pocos encinares en toda la cornisa cantábrica, y este es especialmente valioso por su extensión y el buen estado de conservación. Desde Atxarre veremos todo Urdaibai, el cabo Ogoño, el monte Sollube, Gernika, Mundaka y Bermeo, el cabo Matxitxako, etc. De camino hacia la cima también pasaremos por un claro en el bosque llamado Dantzaleku, 'lugar de danza', nombre que hace referencia a los aquelarres que se celebraban en este lugar.

Ruta hasta la cima de Atxarre, pasando por Dantzaleku

La isla de Izaro se funde con el azul del Cantábrico. Vista desde San Pedro de Atxarre (Urdaibai) © DRM

El cabo Ogoño: atalaya de los antiguos balleneros vascos de Urdaibai © DRM

Enmarcando Mundaka desde San Pedro de Atxarre © DRM

Ereñozar: atracción telúrica ancestral en Urdaibai

Esta pequeña cima (448 m) formaría, junto con las cuevas de Santimamiñe y el valle de Oma, un pequeño triángulo de una fuerza telúrica excepcional. No en vano, las evidencias humanas que se han encontrado demuestran que esta zona fue elegida desde muy antiguo como lugar de culto y de inhumación. Quien hoy en día visite este triángulo telúrico con los sentidos bien dispuestos seguro que sentirá la atracción y el pulso de la Naturaleza que los antiguos ancestros ya veneraban.

Se trata de una cima cónica identificable desde toda la ría de Gernika o de Mudaka, la cual recibe varios nombres: Ereñozar, Ereñussare o simplemente San Miguel (por la ermita que hay arriba del todo consagrada a este santo). Se cree que la ermita podría datar del siglo X, pero los restos prehistóricos encontrados en la cueva donde se levanta la ermita hacen pensar que el lugar ya debía tener una dimensión religiosa en el Paleolítico. Las cuevas de Santimamiñe, situadas a los pies de la montaña, también confirman este hecho.

Como tantos otros lugares del País Vasco, este lugar también está cargado de leyendas y creencias, como aquella según la cual a lo largo de la vida se tiene que visitar la ermita al menos tres veces; en caso contrario, será el alma del difunto que deberá hacerlo. Los muertos que visitan la ermita durante la noche provocan la agitación del aire. También se explica que en la cima está enterrado un tesoro y que el agua que cae del tejado tiene propiedades milagrosas.

Hay dos posibles accesos a la cima: desde Santimamiñe (con un desnivel muy pronunciado) o desde el pueblo de Ereño, en la vertiente norte. Este último camino es mucho más relajado, aunque el desnivel es moderado. Se llega por una pista asfaltada hasta casi arriba del todo; de ahí a la cima hay unas escalerillas.

Las vistas sobre la reserva de Urdaibai valen mucho la pena: desde Oiz hasta el mar, y desde Sollube hasta la costa guipuzcoana. A parte de la ermita, en la cima también podremos ver los restos de un castillo del siglo XI y una necrópolis medieval, elementos arqueológicos muy valiosos para entender la ocupación humana de esta parte de Vizcaya.

Ruta: a Ereñozar desde Ereño

La lengua del mar: Gautegiz-Arteaga y la ría de Mundaka © DRM

Bocanada de verde subiendo a Ereñozar © DRM

Protoindustria asilvestrada: antiguo molino de Bolinzulo, en el valle de Oma © DRM

Valle de Oma © DRM

Bizkaigane y la Batalla de Bilbao

Bizkaigane es una pequeña colina en el margen izquierdo de Urdaibai que no llama demasiado la atención, aunque es muy conocido por varios motivos. Algunos historiadores ven el origen de la palabra "Bizkaia" en este lugar.

En la cima se ubica la pequeña ermita de Santa Kurutze y llegar es muy fácil desde la carretera de Errigoiti a Metxika. En este lugar nos sorprenderá encontrar lo que se considera el acebo más grande de toda Vizcaya. El arbusto (ahora ya árbol) se encuentra al lado de la ermita y desconocemos si antiguamente tenía alguna función de carácter ritual.

Desde Bizkaigane se divisa media Vizcaya: de la costa a las cumbres de Oiz, Anboto o Urkiola, pasando por la llanura de Uribealdea y el golfo de Bilbao. Precisamente su posición privilegiada fue aprovechada por el dictador Francisco Franco en la Batalla de Bilbao en junio de 1937, en el que las tropas insurrectas atacaron el llamado Cinturón de Hierro. Franco estableció su puesto de mando en este cerro para dirigir el ataque a la capital vizcaína. Precisamente, los bombardeos de Gernika y de Durango se enmarcan en esta ofensiva contra la República.

El acebo más grande de Vizcaya, en la ermita de Santa Gurutze © DRM

Cuando el Anboto lleva txapela, Mari está en su madriguera. Bizkaigane © DRM

Desde el puesto de mando de Bizkaigane, Franco dirigió la Batalla de Bilbao © DRM



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